Meditación 95

 

 

 

 

La Biblia

Los sueños de los funcionarios del Faraón

Génesis 40, 1-23

1 Después de estos acontecimientos, el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor.
2 El Faraón se irritó contra sus dos funcionarios –el copero mayor y el panadero mayor–
3 y los hizo poner bajo custodia en la casa del capitán de guardias, en la misma cárcel donde estaba preso José.
4 El capitán de guardias encargó a José que se ocupara de servirlos, y así estuvieron arrestados durante un tiempo.
5 Una vez, mientras estaban presos en la cárcel, el copero y el panadero del rey de Egipto tuvieron un sueño en el transcurso de una misma noche, cada sueño con su significado propio.
6 A la mañana siguiente, cuando José fue a verlos, los encontró deprimidos.
7 «¿Por qué están hoy con la cara triste?», preguntó a los funcionarios del Faraón que estaban arrestados con él en la casa de su señor.
8 Ellos le respondieron: «Hemos tenido un sueño, y aquí no hay nadie que lo interprete». José les dijo: «La interpretación es obra de Dios; pero de todos modos cuéntenme lo que soñaron».
9 El copero relató su sueño a José. «Yo soñé, le dijo que delante de mí había una vid,
10 y en ella, tres sarmientos. Apenas la vid dio brotes, salieron sus flores y maduraron las uvas en los racimos.
11 La copa del faraón estaba en mi mano: yo tomé las uvas, las exprimí en esa copa, y la puse en la mano del Faraón».
12 José le dijo: «La interpretación es la siguiente: los tres racimos representan tres días,
13 Dentro de tres días, el Faraón te indultará, te restituirá a tu cargo, y tú pondrás la copa en su mano, como acostumbrabas a hacerlo antes, cuando eras su copero.
14 Y cuando mejore tu suerte, si todavía recuerdas que yo estuve aquí contigo, no dejes de hacerme este favor: háblale de mí al Faraón, y trata de sacarme de este lugar.
15 Porque yo fui traído por la fuerza del país de los hebreos, y aquí no hice nada para que me pusieran en la cárcel».
16 El panadero mayor, al ver con qué acierto había interpretado el sueño, dijo a José: «Yo, por mi parte, soñé que tenía sobre mi cabeza tres canastas de mimbre.
17 En la canasta más elevada, había de todos los productos de panadería que come el Faraón, y los pájaros comían de esa canasta que estaba encima de mi cabeza».
18 José le respondió: «La interpretación es la siguiente: las tres canastas representan tres días.
19 Dentro de tres días el Faraón te hará decapitar, te colgará de un poste, y los pájaros comerán tu carne».
20 Efectivamente, al tercer día se festejaba el cumpleaños del Faraón, y este agasajó con un banquete a todos sus servidores. Entonces reconsideró las causas del copero mayor y del panadero mayor en medio de sus servidores,
21 y restituyó en su cargo al copero mayor, de manera que este volvió a poner la copa en la mano del Faraón;
22 en cambio, mandó colgar al panadero mayor, conforme a la interpretación que les había dado José.
23 Sin embargo, el copero mayor ya no pensó más en José, sino que se olvidó de él.

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Meditación:

Los sueños de los funcionarios del Faraón

Seguimos en la historia, la triste historia de José, en la cárcel, sin motivo ni causa, allí, pasando el tiempo, haciendo el bien, ayudando a los demás en sus sufrimientos, como debes de hacer tú, y ya haces, que no te cansas de hacer el bien a todos, simplemente porque eres bueno, porque tu pureza te ennoblece y te guarda de todo mal. Hay que decirle a la juventud que tiene que ser pura, que debe de vivir lo natural, que es la pureza, la virginidad, la castidad. Verás en la historia de José, ya te lo adelanto, el que se enamorará y se casará y tendrá hijos, pero ahora él vive en equilibrio con su cuerpo, el de ser puro y casto, y tú puedes también vivir esto si quieres acabar ganando, si quieres que tu historia tenga un final feliz, porque eras feliz y te maldijeron los de tu casa, ahora sufres por esa maldición, y aun cuando Dios te bendice, debe pasar el tiempo para que tus cosas cambien, y no hay nada mejor que vivir en Gracia de Dios, siempre limpio de pecado, siempre arrepentido de tus caídas, yendo a confesarte rápidamente, tantas veces como te haga falta. José no tenía el regalo de Dios del sacramento de la Confesión, porque eran otros tiempos; aún Cristo era el Verbo, pero ya ha pasado el tiempo y ahora las maldiciones pueden acortarse, finiquitarse, viviendo siempre en Gracia de Dios y Comulgando habitualmente, porque allí está presente verdaderamente en cuerpo y alma, ¡Dios mismo!, ¡Cristo!, el que salva. Ahora los tiempos han cambiado, por eso la humanidad avanza en “digamos” prodigios humanos, descubrimientos fantásticos, pero es que Jesús ya vivió y murió y resucitó Dios. Pero no quiero avanzarme tanto en la historia, volvamos a José, leamos su vida, y comprende así la tuya. Acabaré, pero, diciendo, que bendigas a la gente, que ames a tus enemigos y pidas por el bien de ellos; eso no te perjudica, ¡al contrario!, acortará tu agonía en la tierra y pasarás directo al Cielo sin tener que pagar nada en el Pugatorio, porque el aceptar los sufrimientos que la vida trae a cada uno, esto, hecho y aceptado con caridad, por la fe y la esperanza, paga tus cuentas con Dios, la de tus pecados. ¡Vamos, hombre de Dios, que el Señor lo tiene todo controlado para darte ánimos para que vivas esa Buena Nueva del Evangelio y la propagues; dilo alto y claro: Dios vino al mundo y te salvó!. ¡Aleluya! ¡Bendiciones para todos, hermanos!


P. Jesús


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